Cuanto más avanzo, más me doy cuenta de que el Coaching es, casi exclusivamente, escuchar. Escuchar y preguntar. Sólo con eso creo que se pueden hacer avances extraordinarios.
¿Cuál fue la última vez que te has sentido escuchado, realmente escuchado? La sensación de que alguien está ahí, a tu total disposición, escuchando con atención.
La escucha total y activa permite que el otro vaya abriéndose y encontrando en su interior cosas que desconocía. La escucha activa e interesada permite ver patrones de pensamiento que el que habla no percibe, por estar tan inmerso en ello que forma parte de su misma persona, de su manera de ver el mundo.
Y para que no parezca que me refiero a cosas evanescentes y ambiguas, hace poco tuve una conversación sobre la dificultad que un cliente (empresario) está teniendo en que una empleada cumpla sus objetivos. Cuando le pregunté sobre por qué la mantenía en la empresa si no cumplía sus objetivos, me contó su opinión sobre la persona, su potencial, pero sobre todo que no quería llevar su negocio exclusivamente con criterios “duros” y “empresariales”, que la vida era algo más que sólo dinero y que no quería que el dinero o los criterios empresariales fuesen los que dictasen estas decisiones.
Conforme hablaba me iba llegando una idea de las premisas subyacentes en las que mi cliente creía y que condicionaban sus decisiones empresariales, sin ser él consciente de la fuerza que tenían sobre él. Premisas no cuestionadas ni decididas de manera consciente. Estaba reaccionando a una “idea”, un prototipo de “empresario” manipulador, centrado exclusivamente en los beneficios, que no dudaría en vender a su madre…
Tras charlar un rato para aclarar el concepto, como acción entre sesiones acordamos lo siguiente: haría un alegato de las ventajas que tiene llevar una empresa exclusivamente con criterios empresariales, por qué es lo mejor para él, para su familia, para sus clientes, para la industria y para la empleada. Es decir, defender la postura opuesta a la que él estaba defendiendo sin saberlo (Extreme Perspective).
Su comentario tras hacerlo: No sé si darte las gracias o acordarme de tu familia, hay cosas que a veces es mejor ni plantearlas. En fín, era necesario y he de confesar que estoy realmente sorprendido con los resultados.”
Como en el caso de mi cliente, a veces nos oímos, pero no escuchamos lo que decimos.